La casta de los economistas neoliberales. Los intérpretes exclusivos de la realidad. La religión económica: mensajes simples, explicaciones complejas y confusas. Sacrificios asegurados.
Los argentinos tenemos en nuestra memoria colectiva reciente algunos sucesos que nos siguen limitando en las decisiones del presente. La “Patria Financiera” con el amor a la especulación, el terror a los cataclismos cambiarios y las posibilidades de enriquecimiento meteórico por el simple cambio de valor de una moneda, el temor a la “hiperinflación”, que en su reverso hace que se perciba ese olor a “oportunidades de río revuelto” en aquellos con vía libre para poner precios estratosféricos y luego culpar a la siempre abstracta “inflación que nos afecta a todos”, y al gobierno de turno.
De aquello tenemos comportamientos derivados como nuestro amor al dólar, el temor a los bancos, y la generación de una práctica muy argentina consistente en guardar dinero y moneda extranjera en efectivo en los Bancos… pero en cajas de seguridad, que es el equivalente a utilizar una silla pero para sentarse en el respaldo.

Y muchos comportamientos más, de raíz local y mundial. Por supuesto que el miedo al sistema financiero está justificado, y el lector quizás estará recordando mentalmente mientras sigue este párrafo, pues nos basamos en nuestra historia reciente de Bancos liquidados, quiebras, absurdos del estado, y demás situaciones, para justificar alguna evasión impositiva en “legítima defensa”, cada vez que tenemos algo sin declarar, aunque seguimos luchando por un país más grande y más justo, al que solo se saca adelante laburando, mientras nos golpeamos el pecho argentino e intachable en la mesa del café.
Más allá de lo anterior, hay muchas posturas con respecto a las cuestiones reseñadas, y otras de la misma índole, que por lo común se agrupan sin problemas bajo la sección “Economía”, aunque la mayoría de nosotros hagamos agua cuando nos apuran pidiendo un concepto de lo “económico” que sea coherente y explique por qué aglutinamos temas tan dispares dentro del rubro.
Lo hacemos porque así se nos presentan desde los grandes centros de difusión, que nos dicen qué leer y qué no, pues ni siquiera ya es necesario quemar libros o censurar algunos textos. Solo se necesita guiar pacíficamente al rebaño a través de la idiotización diaria del tema del día, para que luego repitamos todos la discusión que nos asignan hoy, dentro de un rango de argumentos que también nos es dado.

Allí viene el nudo gordiano de esta cuestión; todas estas situaciones tan cercanas a la sensibilidad social, poseen sus intérpretes naturales y exclusivos, personificados en un tipo de “especialista” de determinada cualidad y formación, que debe manejar un léxico común a todos los demás del grupo: el economista neoliberal u ortodoxo, aquel que habla de moneda y capitales como si tuvieran movimiento propio sin depender de las manos humanas que lo mueven. Al que no se le cae de la boca el “financiamiento externo” y el “volver al mundo”,y para el cual el visto bueno del “FMI” o el “Banco Mundial” es condición necesaria para encarar cualquier medida, por más que sea funcionario de un país soberano, pues el pretexto es “que el mundo lo pide”, como si la Argentina no fuera parte de ese mundo, y no existieran cientos de países que se oponen a estos centros de poder, y también son parte de este planeta.
Como si a nivel mundial no mandarán también los poderosos, y solo reinara una centro de justicia y equidad universal donde no hay intereses. Así de sencillo, esconden el poder para el que trafican.
Fuera de aquellos que tienen mayor prensa, el resto que no se alinean con sus argumentos centrales, son “poco profesionales”, o les “queda grande” el cargo, o “son marxistas”, algo que en general no sabemos bien que significa, pero se asienta sobre un estereotipo construido, y mejor difundido, cuyas notas centrales son; no comparte un núcleo de ideas neoliberales; luego es marxista, y probablemente barbudo. En esa simpleza reside parte de su éxito comunicacional (claro, ademas de trabajar para los poderosos). Muestran al mundo solo dos alternativas; los buenos y los malos. La misma y efectiva fórmula que llevó a George Lucas a crear la leyenda con “La guerra de las galaxias” o que Tolkien muestra en “El señor de los anillos”.
Ellos, y solo ellos, nos dan una idea de lo que debemos comprender por economía, ofrecen charlas empresarias a nivel país y extranjero, y son muy convocados en los círculos financieros para explicarnos ¿Qué ves cuando me ves? No es raro ir a algun evento de una gran empresa donde se ha contratado a un ex funcionario que fracasó en toda su gestión y dejó el país con una crisis galopante, explicando todos los errores de quienes no coinciden con él, afirmando despectivamente que “hay que dejar de vivir de la teta del estado”, paradójicamente el pezón del que se alimentó toda su vida, que le dió su prestigio, y del cual continúa viviendo como “consultor” explotando sus contactos en los ministerios.
Porque son capaces de decirnos en plena malaria que si bien no se nota, hay “signos de recuperación” que solo ellos pueden ver, pero debemos tener fé (Algo tan inmaterial como la confianza) y seguir en plan de austeridad a puro remo, hasta que nos indiquen que hay tierra a la vista.
Todo mediante argumentos mal llamados “técnicos”, que por otro lado son acordes y coherentes con la concepción neoliberal en la que lo social es un gran motor y las personas simples engranajes del capital, y no al revés. Por eso el constante apelativo a “disciplinar u ordenar” el empleo, o “sanear” la economía.

Generalmente sus explicaciones son difíciles trabalenguas que constituyen verdaderos círculos vacíos de fundamentos. A poco que ahondemos en ellos se caen a pedazos. El mejor ejemplo de este sinsentido es el famoso y repetido principio justificador de muchos sacrificios, que reza; “necesitamos generar confianza en el inversor”, como si éste fuera un donante mundial de fondos a cambio de nada.
Podríamos invertir la pregunta, desde nuestro desconocimiento económico, porque obviamente somos ignorantes, y preguntar; ¿Por qué deberíamos dejar entrar con pocas restricciones, a un país inmensamente rico en recursos genuinos, tales como territorio, climas templados, granos, animales, yacimientos minerales, agua dulce, entre otros, a un inversor internacional que no es más que alguien que dispone de un cierto capital y pretende, mediante su utilización con nuestros recursos, multiplicarlo?
No me canso de repetirlo, los inversores necesitan ganarse nuestra confianza para que les abramos las puertas, no al revés. No son voluntarios de la beneficencia, no dejemos que las limosnas de la “filantropía de millonarios” tan interesadamente publicitada en el mundo, al estilo Bill Gates o Mark Zuckerberg, nos tape la realidad de que son megamillonarios que deben mantener sus imperios a costa de inversiones cada vez más rentables, y que sus fortunas no se hicieron a partir de donaciones y ayudas a países necesitados, sino de imperios económicos y monopolios comerciales administrados con mano de hierro, aún contra los intereses de los Estados donde comenzaron. Porque, otra verdad omitida por estos gurúes; es que el gran capital internacional que pretende generar recursos en países ricos en recursos y pobres en defensas, como los nuestros, no tienen nacionalidad, ni padre, ni madre, ni moral, ni dioses a quienes temer.
Pero en esa complejización del saber, donde estos especialistas aparecen en todos lados explicandonos la realidad, la única finalidad es la incomprensión general de lo que verdaderamente está sucediendo. Por eso se busca darles un barniz de iniciados en cuestiones “muy difíciles”, que la población solo puede entender a través de ellos.

De allí el abuso del término “experto” para designar a quienes interpretan las entrañas de las finanzas, o el vuelo del dólar, y nos explican qué tipo de augurios nos deparan los sempiternos e iracundos dioses del mercado.
En síntesis, la idea de que la economía es un saber de difícil acceso para el grueso de la población, y que solo existe un grupo de especialistas que la pueden interpretar correctamente, tiene como unico interés justificar lo injustificable; ¿De qué otro modo puedo sostener hacer la guerra para buscar la paz? o ¿Despedir para generar empleo? En fin, destruir para construir y aún así ser creibles, y encarar planes para solucionar grandes “males” que ellos mismos crearon.
Para finalizar esta esta primera entrega, y como prueba documental de mis dichos, ofrezco los listados de todos los funcionarios actuales comparados con los trabajaron y delinearon el plan económico en la administración de la década de los 90’ que concluyó abruptamente en 2001 con una real catástrofe social y no una mera sensación de “al borde del abismo”.
Como prueba complementaria, agrego el listado de coincidencias entre los actuales funcionarios y los ex ejecutivos y CEOS de corporaciones, cuyos intereses corporativos están directamente relacionados en los rumbos que tome el Gobierno en política económica y social. Aún así todos ellos, dan cátedra diaria de economía, derecho, honestidad y moral.
(Continuará)
Manuel Reinoso
Co-Founder and CEO en Verdulería.
Opinologo Profesional.
Panelista en programas sobre el todo.
twitter: @ginesreinoso
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aluvionzoologicoradio@gmail.com
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